juan_baraja-a_rapa-01
juan_baraja-a_rapa-02
juan_baraja-a_rapa-03
juan_baraja-a_rapa-04
juan_baraja-a_rapa-05
juan_baraja-a_rapa-06
juan_baraja-a_rapa-07
juan_baraja-a_rapa-08
juan_baraja-a_rapa-09

A RAPA Galicia 2010

A RAPAAlfredo Puente

Galicia y más concretamente San Lorenzo de Sabucedo, una parroquia al sur del concejo de Estrada, en Pontevedra, es la cuna de la tradición llamada A rapa das bestas. En dicha población, dos petroglifos fechados en el s. VIII a. C. muestran varios caballos –las bestas, en gallego– en estado salvaje y otros intentando ser dominados por jinetes.

El origen de la fiesta de A Rapa en esta región gallega, más tardío, parece ligado, según la tradición oral, a una ofrenda por parte de algunos de los vecinos del pueblo a San Lorenzo, a fin de mitigar los efectos de la peste bubónica. Hay constancia de varios episodios de esta enfermedad en la zona desde mediados del siglo XVI y están recogidos en el “Tumbo E” de la Catedral de Santiago.

La fiesta da inicio con una petición de protección a San Lorenzo para animales y personas. A continuación, grupos de vecinos y visitantes reunidos en tríos suben al monte y reúnen a los caballos salvajes –las greas– para conducirlos, al día siguiente, hasta el curro. Es en ese lugar, un corral circular con suelo de tierra y revestido de piedra en el pueblo, donde luchadores –aloitadores– y caballos, cuerpo a cuerpo, opondrán sus respectivas fuerzas. El objetivo de los luchadores es cortar las crines de los animales –la rapa– para desparasitarlos y curarles de las heridas que hayan podido producirse. Tras la rapa los caballos son devueltos al monte.

En la actualidad la fiesta de A rapa das bestas se celebra durante el verano en diversas poblaciones de las provincias de La Coruña, Orense y Pontevedra. En 2010, Juan Baraja decide abordar con su cámara los preámbulos de esta fiesta-ritual –fotógrafos como Rafael Sanz Lobato, en 1967, o Cristina García Rodero, en 1981, le precedieron–, eligiendo como protagonista a la niebla que envuelve físicamente los montes de Sabucedo al amanecer. Una luz difusa que no solo acompañó el encuentro del fotógrafo con los implicados en A rapa, sino que también alude al pasado brumoso de esta lucha entre humanos y no humanos, y que se filtra entre las páginas y los materiales formales y conceptuales del fotolibro resultado del proyecto.